Saber aceptar el presagio.

El miedo ya no es una opción: yo soy el miedo. A través de él las cosas se me revelan desprovistas de carcasa. Todo es esqueleto.

La pureza (yo no lo sabía) es oscura y densa, trágica. Hay un espejo de hielo en el que me reflejo, lo que veo no tiene significado.

Esta es mi fortuna: haber encontrado belleza abrumadora en lo que ha muerto.

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